Julio

Pues ya estamos en Julio. Oficialmente para mi es verano, verano. Comienzan los terrales, las masas en la playa, la sandía en la orilla, el olor a espetos, las chanclas, los sombreros de paja, el olor a crema… Y por otro lado, se acaban los paseos largos (por el calor, ¡claro!). Salir de casa antes de las 19:00 de la tarde es algo que sólo se debería hacer si vas a la playa o a la piscina.

Mira que me gusta a mi la playa. Pero claro, es que es imposible. No soporto a la gente y menos a la gente chillona, a los niños con la pelota, a los que juegan a las palas, a los que ponen la toalla junto a la mía a pesar de que hay sitio de sobra para ponerse a 5 metros de mi, a los que van con una carpa y se planta tan tranquilos con sus mesas y sus sillas, vamos, ¡como en casa!. Y cada vez cuesta más irse lejos, lejos de qué, si todos se van lejos. Maro ya no es lo que era. Ha pasado de ser nudista a ser de grupos de familias numerosas y ruidosas acostumbradas a que alguien, no se quién, recoja lo que dejan tirado. ¡Qué es Maro, no la playa de la Malagueta!.

 

Total, que para mi ir a la playa se ha convertido en una pesadilla. ¡Ooooommmm! Sí, tengo que recurrir a un mantra cada vez que voy.

 

Frutales cargados.
Dorados trigales…
Cristales ahumados.
Quemados jarales…
Umbría sequía, solano…
Paleta completa: verano.

Manuel Machado.

 

Fotos via Pinterest